Comer
en España es uno de los ritos más agradables
de la vida cotidiana. La variedad y riqueza de su gastronomía,
así como el gusto del español por la cultura
del plato y el mantel hacen que sea muy fácil encontrar,
en las grandes ciudades o en las pequeñas aldeas
rurales, un sitio donde comer bien. La carta con los precios
suele estar puesta en la entrada de los restaurantes,
que disponen también de un menú del día
con precios habitualmente más reducidos. El servicio
va incluido en el precio de los platos, siendo habitual
aunque no obligatorio destinar entre un cinco y diez por
ciento del total a la propina. La mayoría de restaurantes
suelen cerrar un día a la semana (el domingo o
el lunes), si bien existen numerosos establecimientos
de horario continuado que permiten comer a cualquier hora.
La cocina española se distingue por utilizar tradicionalmente
en la preparación de los alimentos el aceite de
oliva como grasa vegetal y la manteca de cerdo como grasa
animal, así como la gran variedad de frutas y verduras
que tomó de la cultura árabe, y otros elementos
como la papa y el tomate, llegados de América.
El norte es una región húmeda y lluviosa
que otorga una gastronomía muy rica y variada,
tanto en carnes como en pescados. El País Vasco
desarrolla una cocina estacional basada en los fogones
familiares, con platos propios como el marmitako (papas
con bonito) y el txangurro (almejas y centolla). Asturias
proporciona platos dignos de mención como la fabada
(guiso de porotos y productos del cerdo), el queso y la
sidra. Entre las particularidades de Galicia son dignos
de mención las caldeiradas, el pulpo, los
lácteos y la repostería.
La cocina mediterránea se basa en la trilogía
del trigo, el olivo y la vid, con otras aportaciones notables
como las del arroz, las legumbres, el ajo, las verduras
y hortalizas, el queso y el yogur, los pescados, carnes
y huevos, y las frutas. Cocina tan variada como completa,
que en los espacios naturales mediterráneos de
España se interpreta con distintos matices y particularidades.
Cataluña cuenta ya desde la Edad Media con una
cocina de la costa, utilizando una gran variedad de pescados,
mientras que en el interior hay que destacar la escudella
y los asados. De gran personalidad y contraste es también
la cocina valenciana, que conjuga los platos típicamente
mediterráneos como pescados, verduras y frutas
con los del interior como los potajes y guisos de carnes
de caza y que tiene en el arroz su producto estrella.
Dulces, turrones y helados mantienen viva la influencia
arábiga en su cocina. La cocina de las Islas Baleares
tiene en las verduras, sus pescados, y en el cerdo sus
principales particularidades, así como en la famosa
salsa mayonesa.
La cocina de la Meseta es producto de un clima que exige
del hombre un esfuerzo duro y continuado en su labor.
Castilla y León pone sus bases en las legumbres:
porotos, garbanzos y lentejas. El cerdo, que en la variedad
ibérica es alimentada con bellota y castaña,
es también básico en los productos típicos
regionales, así como las carnes de caza.
La dulcería tiene en yemas y hojaldres la expresión
más refinada de la tradición árabe.
Extremadura participa también de estos caracteres
en una muestra en la que destacan los productos y platos
derivados del cerdo ibérico. La cocina recreada
en El Quijote, de olla, salpicón y duelos y quebrantos
puede acercarnos a Castilla-La Mancha, que tiene particularidades
como las del azafrán, la miel de La Alcarria y
el queso manchego (de oveja). Como un islote, Madrid aporta
la peculiaridad de algunos platos como el cocido madrileño,
el bacalao y los callos. Las torrijas y los dulces, son
otras de sus especialidades.
La cocina del sur o de Andalucía disfruta del crisol
de un conjunto de culturas que la habitaron y forjaron
su patrimonio gastronómico. Las Islas Canarias
disfrutan de una cocina muy personal que tiene en el gofio
(harina de cereales tostados), las legumbres, los cultivos
tropicales y sus famosos mojos (salsas de pimienta y cilantro)
algunos de sus alicientes.
El
vino es un elemento fundamental en todas y cada una de
las cocinas regionales de España. Los romanos legaron
el arte de la viticultura que ha convertido a España
en uno de los mayores productores de vino, a la vez que
ha cobrado justa fama por su calidad, sujeta hoy a estrictos
controles y variedad.
Entre ellas mencionaremos el vino de Rioja, que por su
aroma, sabor y cuerpo ha obtenido un lugar destacado internacionalmente.
Otras denominaciones de origen muy apreciadas son las
de la Ribera del Duero, el Penedés y La Mancha.
El vino de Jerez es un vino andaluz de gran prestigio
internacional, sobre todo en los países anglosajones
–donde es conocido como sherry-, y que tiene distintas
variedades (fino, manzanilla, amontillado, dulce y oloroso)
capaces de satisfacer los diferentes gustos. El cava español
o vino espumante tiene su principal centro de producción
en la región catalana del Penedés, si bien
se ha extendido en los últimos años a otras
como Castilla. La cerveza goza hoy de gran consumo en
España, sobre todo como aperitivo fuera de las
comidas que acompaña a las populares tapas en los
bares. La cerveza española es rubia y agradable
al paladar, sirviéndose habitualmente muy fría.
Los licores tienen también en España particularidades
dignas de mención. El brandy se produce fundamentalmente
en Andalucía, mientras que aguardientes y orujos
se encuentran repartidos por toda la geografía,
dando lugar a las celebres queimadas gallegas, o a las
diversas variedades como secos, de hierbas, de cerezas
o con miel. Los anises, el pacharán de endrinas
navarro, y los licores de frutas son los más apreciados
en cuanto a consumo.
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